Cuéntanos tu experiencia.
Participa en la campaña «Pueblos en Pie» dejándonos la historia de las luchas, problemas y necesidades de tu pueblo, comarca o provincia. Vamos a reivindicar el orgullo de quedarnos. >>AQUÍ <<
Poder vivir donde has nacido.
Vivir en el lugar de origen no debería ser una renuncia ni una obligación condicionada por la falta de posibilidades, sino una posibilidad real y viable. La identificación con el pueblo, la comarca o la provincia forma parte de una identidad construida a través de la memoria, el paisaje, los vínculos familiares y las relaciones cotidianas. No tiene que formar parte de la historia o de recuerdos, sino que debe porder ser presente y futuro.
El arraigo no es solo una emoción o una nostalgia: es una forma de pertenencia que da sentido a la vida y al proyecto personal. Poder quedarse implica poder desarrollar un futuro digno sin verse forzado a emigrar. Defender este derecho significa reconocer que el territorio donde uno nace debe ofrecer condiciones para vivir, trabajar y construir una vida plena, sin que las grandes ciudades sean la única alternativa viable. Grandes ciudades que se han convertido en lugares con precios prohibitivos en vivienda, saturación en transporte y con pérdida de varias horas diarias en desplazamientos.
El abandono del medio rural y sus consecuencias
Durante décadas, muchas zonas rurales y comarcas han sufrido un proceso continuado de abandono. Se manifiesta en la pérdida progresiva de servicios públicos esenciales —escuelas, atención sanitaria, transporte o administración, e infraestructuras— . También la falta de inversión que permita generar trabajo digno y actividad sostenible.
Las consecuencias son profundas: despoblación, envejecimiento, cierre de proyectos y debilitamiento del tejido social. Se suma una utilización del territorio como espacio de explotación de recursos —grandes proyectos energéticos, extractivos o infraestructuras— que no siempre revierte en desarrollo local.
Este proceso transmite la idea de que estos territorios son espacios secundarios o sacrificables, lo que refuerza el círculo de declive y pérdida de oportunidades.
Comunidad, lucha y resistencia colectiva. Lucha en común.
Frente a esta situación, la respuesta principal surge de la propia población. En muchos territorios rurales han aparecido asociaciones, plataformas en defensa de los servicios públicos, movimientos por un desarrollo sostenible y proyectos culturales o económicos de base local.
Estas iniciativas reflejan la capacidad de las comunidades para organizarse y defender su futuro. Más allá de la reivindicación, expresan una forma de vida basada en la cooperación, el apoyo mutuo y la cercanía, que constituye uno de los principales capitales del medio rural.
Las redes sociales, el sentido de comunidad y la voluntad de permanecer sostienen territorios que, pese a las dificultades, siguen siendo espacios vivos, trabajadores y resistentes. En esa capacidad colectiva se encuentra no solo la defensa del presente, sino también la posibilidad de construir un futuro digno para la tierra y para quienes deciden seguir formando parte de ella.




