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Año 2014

Estamos ante una crisis de la propia configuración de la UE y de un modelo insostenible e incoherente de crecimiento económico. La crisis es el resultado de políticas aplicadas desde hace años y consensuadas por todos los gobiernos europeos al servicio de las élites dominantes. Es una crisis profunda del sistema capitalista, con una fuerte incidencia en la UE y en España, cuyas soluciones desde el neoliberalismo agravan y legitiman la desigualdad social. Si no resolvemos sus causas durará como mínimo una década, será mucho más grave y acabará en un nuevo orden social muy perjudicial para la amplia mayoría de la población.

La hegemonía del neoliberalismo, como programa que condensa los intereses de las clases dominantes, ha entrado en crisis junto con el sistema económico capitalista. A pesar de que los postulados ideológicos del proyecto neoliberal han sido desprestigiados, el proyecto en su conjunto ha logrado instrumentalizar la crisis y se fortalece en las instituciones económicas y políticas de toda la Unión Europea, mediante la imposición de gobiernos tecnócratas y serviles.

No podemos ver al neoliberalismo como un fenómeno ideológico al que se le pueda disputar la hegemonía sólo en el ámbito de las ideas. Al contrario, estamos asistiendo a una nueva reestructuración de las clases sociales en el seno de las economías nacionales, en comparación con la etapa fordista, y también en el espacio de la economía política mundial.

La UE realmente existente no es una articulación solidaria de las economías nacionales, ni menos aún la construcción de una Europa social, sino un tablero de juego diseñado por los grandes capitales europeos para fortalecer su posición en todo el mundo. Han sido los grandes capitales financieros los que han dominado el reciente proceso de construcción europea, diseñando una arquitectura institucional que combina la globalización financiera y productiva con el acantonamiento de la política fiscal y laboral. El resultado de este proceso ha sido doble: en primer lugar se ha reestructurado el peso del capital financiero sobre el capital productivo y de ambos sobre el trabajo. En segundo lugar se ha establecido un marco de competencia fiscal y laboral entre países, a nivel europeo e internacional, que presiona a la baja los salarios y la participación salarial en la renta. Ello ha debilitado el poder de negociación de las organizaciones sindicales y producido grandes transformaciones productivas en las economías nacionales, con la pérdida de peso de los salarios en la economía, en beneficio de las ganancias empresariales. Este hecho tiene consecuencias políticas y económicas en la medida que es el reflejo de la lucha de clases y el factor que explica la pérdida de peso de la demanda interna o el incremento del endeudamiento en las economías europeas.

En España estas transformaciones productivas toman forma en la desindustrialización (la “reconversión” del primer gobierno del PSOE y el desmantelamiento industrial) y en la expansión de relaciones laborales precarias. Desde su inserción en la UE, España ha acentuado su rol de economía periférica y dependiente respecto a un centro económico y político situado en países como Alemania y Francia. Esta dependencia provoca una mayor debilidad estructural de la economía y la hace vulnerable a la competencia exterior, que ya no es la de los años de posguerra - unos pocos países disfrutaban de un capitalismo industrial- sino que se caracteriza por la existencia de muchos y nuevos actores con gran capacidad competitiva. En ese contexto el lugar de la economía española en la división internacional del trabajo queda a merced de la propia dinámica del libre mercado. Y dado el natural retraso de una economía capitalista como la española, el resultado es una desafección ciudadana ante las instituciones políticas, al ver cómo se permiten la deslocalización industrial y de libertad de capitales con la única finalidad de conseguir más rentabilidad.

No puede abordarse el papel de la economía española en la UE sin tener presente estas consideraciones sobre el capitalismo mundial, muy desarrollado y con rasgos globales de sobreproducción. La crisis del capitalismo español no es sino la manifestación de la falta de espacios de rentabilidad económica para el capital, y el propósito del proyecto neoliberal es recomponer esos espacios mediante un proceso de empobrecimiento y mayor explotación laboral. Cabe destacar que las políticas de austeridad impuestas en Europa se diferencian radicalmente de las aplicadas en EEEUU o en Japón, con un alto componente expansivo.
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