Nuestra clase política no ceja en elogiar la “extraordinaria solvencia” de nuestro sistema bancario. Tanto mayores son los elogios, más preocupantes son las noticias que nos llegan sobre la situación de la banca española. Por si las moscas, ha habido que inyectar unos 90.000 millones para reestructurar el lozano sistema bancario. Y las cajas hacen cola en la UVI del Banco de España, donde dos de ellas ya han sido desahuciadas por el módico precio de más de 3.000 millones. Todo ese dinero de rescate no sale de la nada. Es dinero público, aportado por los que pagamos impuestos. Además, esa ayuda del Fondo de Garantía de Depósitos se nos irá cobrando a los incautos clientes vía comisiones abusivas.
También en Castilla y León, Junta y oposición han acudido diligentes al quite. Han acordado unas modificaciones de la Ley de Cajas que premian a los directores de las cajas con otros cinco años de mando en plaza, al alargar su edad de jubilación hasta los 70 años. Me van a permitir que pida una aclaración. Si la gestión de las cajas de ahorro ha sido tan nefasta, hasta el punto de verse obligadas por el Banco de España a cerrar operaciones urgentes de fusión, sea en frío o en caliente, ¿por qué el Partido Popular y el PSOE se creen en la obligación de premiar a los directores generales y a los cuadros técnicos por la chapucera y más que dudosa administración con la que han endeudado y prácticamente puesto en bancarrota a la mayor parte de las Cajas de la Comunidad?.
Se suele criticar la intervención de los partidos políticos en las Cajas, como elementos ajenos a la actividad profesional de las mismas, pero nadie ha interrogado a los directores generales de las mismas sobre su capacidad profesional y técnica para ocupar el cargo para el que han sido designados a dedo, y desde el cual han derrochado los depósitos en arriesgados créditos hechos a los amigos, a las empresas de los consejeros y actividades de ese pelaje. ¿Y qué pasa con los equipos de dirección, los supuestos profesionales del mundo de la banca y las finanzas que aportan sus saberes a cambio de pingües beneficios?
Es momento de preguntarse qué clase de favores pagan los partidos mayoritarios de Castilla y León con este acuerdo. ¿Cuánto nos va a costar a los pobres contribuyentes castellanos y leoneses la dádiva que PP y PSOE han hecho a los directores generales de las cajas al retrasar su edad de jubilación?
Todo este proyecto tardío de fusiones podría haber llevado a una fusión que reuniera en una sola entidad a las cajas de nuestra Comunidad, capaz de hacer frente a los duros retos de la depresión económica actual y dar financiación a proyectos de fututo, como ha sido la constante propuesta de IU. Pero se ha desviado para mantener al frente de esos reinos de taifas a los mismos gestores que las han llevado a la bancarrota.

















